¿Estamos entrando en la era del «More is More»?

Durante años, modernizar una marca parecía tener una receta bastante clara.

Simplificar el logo.Eliminar detalles.
Usar una sans serif. Reducir la paleta.
Dejar mucho espacio en blanco.

Y funcionó. El problema empezó cuando funcionó para todos.

Bancos, aerolíneas, compañías de tecnología, restaurantes, startups, marcas de moda. Categorías completamente diferentes comenzaron a hablar el mismo idioma visual.

Todo más limpio. Todo más simple. Todo más correcto.

Y también, muchas veces, todo más parecido.

TODAS QUERÍAN VERSE MODERNAS. TERMINARON VIÉNDOSE IGUALES.

El minimalismo no es el problema.

El problema aparece cuando una tendencia deja de ser una decisión estratégica y se convierte en una fórmula.

Porque el branding no existe simplemente para hacer que una marca se vea bien. Existe para conseguir algo mucho más difícil:

que una marca sea reconocible incluso antes de leer su nombre.

Ahí es donde muchas identidades comenzaron a perder algo importante.

Sus rarezas. Sus códigos. Sus colores. Su carácter.

En nombre de la modernización, algunas marcas eliminaron precisamente aquello que las hacía diferentes.

EL COLOR ESTÁ DE VUELTA. Y NO VIENE A DECORAR.

Estamos viendo una reacción.

Más color. Más contraste. Más ilustración.
Más tipografías expresivas. Más texturas.
Más personajes. Más códigos visuales.

Después de años dominados por identidades extremadamente contenidas, vuelve una idea que durante algún tiempo parecía casi prohibida:

una marca también puede llamar la atención.

Pero hay una diferencia enorme entre llenar una identidad de cosas y construir una identidad rica.El color por sí solo no diferencia.Lo poderoso ocurre cuando una marca utiliza un color tantas veces, y de una manera tan consistente, que termina apropiándose de él.

Cuando una tipografía deja de ser simplemente una tipografía y empieza a convertirse en una voz. Cuando una ilustración, una mascota, una composición o incluso una manera particular de escribir hacen posible reconocer quién está hablando sin necesidad de ver el logo.

Ahí empieza el verdadero branding.

“MORE IS MORE” NO SIGNIFICA PONER MÁS.

Fanta, Oatly, Omsom, LEGO o Duolingo son buenos ejemplos de algo que está ocurriendo.Son marcas completamente diferentes, pero comparten una decisión:

no quieren pasar desapercibidas.

Fanta explota color, formas y tipografía. Oatly convirtió el packaging en una superficie editorial.Omsom utiliza códigos culturales, color y tipografía como protagonistas. LEGO construyó un universo visual donde el color y el juego son inseparables de la marca. Duolingo convirtió un personaje, una paleta y un tono de comunicación en activos reconocibles.

Ninguna necesita llenar todo de elementos porque sí. Lo que tienen es algo mucho más importante:

códigos propios.

Por eso quizás el maximalismo más interesante no consiste en agregar.

Consiste en tener más cosas que te pertenezcan.

Más personalidad. Más códigos reconocibles. Más color propio.
Más carácter tipográfico. Más elementos que otra marca no podría utilizar sin parecerse a ti.

EL NUEVO LUJO DEL BRANDING PODRÍA SER TENER PERSONALIDAD.

Durante años las marcas buscaron sofisticación quitando cosas.Tal vez ahora la sofisticación esté en saber cuáles vale la pena volver a poner.

No significa declarar la muerte del minimalismo.Hay marcas extraordinarias construidas desde la simplicidad.

La discusión interesante es otra:

¿la simplicidad está ayudando a que una marca sea más reconocible o simplemente está ayudando a que se parezca más a las demás?

Porque una identidad visual no debería seguir una tendencia.Debería construir una diferencia.Y si para conseguirlo necesitamos recuperar el color, la tipografía, la ilustración, los símbolos, el humor, la imperfección o incluso cierto exceso, bienvenido sea.

El maximalismo sin estrategia es ruido.

Con estrategia, puede convertirse en identidad.

Porque al final una marca no necesita parecer más moderna.

Necesita parecer más suya.

Y cuando una marca consigue ser realmente suya, deja de competir únicamente por atención. Empieza a construir reconocimiento, preferencia y valor.

Eso también es creatividad que mueve negocios.

EL MINIMALISMO LE ESTÁ QUITANDO PERSONALIDAD AL BRANDING